Nota 12 · 22 de septiembre de 2026
Bolsas, papeleras y una mano libre
Recoger sin soltar la correa requiere preparar el gesto antes de necesitarlo.

Recoger excrementos es una obligación básica, pero el modo de llevar bolsas y correa afecta a todo el paseo. Si la persona busca una bolsa con ambas manos mientras el perro se acerca a la calzada, la organización ha fallado antes de agacharse. Me interesa un sistema aburrido: bolsas accesibles, correa controlada y una salida limpia hacia la papelera.
Preparar más de una bolsa
El rollo va en un dispensador que se abre con una mano y no golpea al perro. Compruebo antes de salir que quedan varias unidades. Guardo una suelta de reserva en un bolsillo distinto, porque el cartón interior puede parecer una bolsa cuando ya no queda ninguna.
El tamaño importa. Una bolsa demasiado pequeña obliga a maniobrar y una muy fina puede romperse. No necesito perfumes intensos ni productos llamativos. Sí necesito que cierre bien y soporte el trayecto hasta un contenedor autorizado.
No ato el dispensador al asa de manera que interfiera con el agarre. Tampoco cuelgo una bolsa llena de la correa cerca del perro. Puede golpear, balancearse o enredarse. Un pequeño recipiente estanco para transportarla hasta la papelera resulta útil en rutas sin contenedores.
Mantener el control sin tirar
Antes de agacharme miro el entorno. Acorto la correa de forma gradual y coloco al perro en el lado alejado de la calzada. Si hay bicicletas, otro perro o un acceso, espero o me muevo a un punto seguro. No sujeto la correa con los dientes, bajo el pie ni atada a mobiliario.
La mano principal conserva el asa. Con la otra abro y recojo. En perros grandes o en situaciones complejas, puedo usar ambas manos para recolocar primero y recoger después. La prioridad inmediata es la seguridad. Eso no significa marcharse sin limpiar, sino organizar la escena.
Si los excrementos son anormalmente blandos y resulta difícil retirarlos por completo, recojo todo lo posible sin extenderlos. No vierto productos químicos ni litros de agua jabonosa en la acera. Un poco de agua puede ayudar con restos de orina donde la ordenanza local lo exija, siguiendo siempre las normas municipales.
Elegir la papelera correcta
Las ordenanzas varían, por lo que conviene consultar el ayuntamiento. En muchos lugares las bolsas cerradas pueden depositarse en papeleras urbanas o contenedores de resto, pero no doy por hecho que cualquier recipiente sirva. No las dejo junto a una papelera llena ni colgadas de una rama con intención de recogerlas después.
En el campo, una bolsa abandonada dura mucho más que los residuos que contiene. Si no hay contenedor, vuelve conmigo. Por eso el portabolsas estanco es parte del equipo de rutas rurales. No escondo la bolsa tras una piedra ni la dejo en el inicio para recordarla al regresar.
La Ley 7/2023 establece deberes generales de convivencia responsable, que se completan con ordenanzas locales más concretas. Cumplirlas no es solo evitar una sanción. Mantiene transitables espacios que comparten niños, personas con movilidad reducida, personal de limpieza y otros animales.
Lo que las heces pueden contar
Sin convertir el paseo en un análisis, observo cambios llamativos de frecuencia, color, consistencia, sangre, cuerpos extraños o esfuerzo. Una alteración aislada puede tener distintas causas, pero la repetición, el dolor, los vómitos, el decaimiento o la sangre requieren consulta veterinaria. Fotografiar una deposición anormal antes de recogerla y anotar la hora puede ayudar al profesional.
No manipulo directamente ni dejo que otro perro olfatee de cerca mientras recojo. Después me lavo las manos con agua y jabón al llegar. El gel hidroalcohólico puede ser un recurso temporal, pero no sustituye al lavado cuando hay suciedad visible.
Reponer al volver
La mejor forma de no quedarse sin bolsas es reponer en casa, no confiar en recordarlo junto al siguiente excremento. Reviso el dispensador, limpio el recipiente de transporte y vuelvo a dejar una reserva. Si una bolsa tuvo una fuga, lavo el accesorio y cualquier superficie contaminada.
También reviso dónde guardo el rollo. El calor intenso y la humedad pueden volver frágiles algunas bolsas. Si al abrir una se rasga con facilidad, sustituyo el lote en vez de duplicar capas y esperar que aguante. No compro por una etiqueta ambiental aislada. Sigo las indicaciones locales de gestión de residuos, porque una bolsa compostable no debe abandonarse ni depositarse automáticamente en el contenedor orgánico. Con excrementos dentro, el destino depende del sistema municipal.
En una salida con otra persona acordamos quién lleva la correa antes de empezar a recoger. Pasarla de mano en mano en medio de la acera crea un instante confuso. Con dos perros, los coloco en el mismo lado solo si están cómodos y las correas no se cruzan. Si no, una persona espera en un hueco y la otra limpia.
Una mano libre no significa una mano vacía. Significa que cada objeto tiene lugar y que la correa sigue siendo manejable. Ese pequeño orden permite recoger sin perder de vista el resto de la calle.